Maestra Vida

 

 

 

 

En el arte, no cabe duda que aquello relacionado con la belleza es incondicionalmente relacionado con lo artístico. Un mundo objeto, cerca de las expresiones artísticas es un mundo estético, en su sentido decorativo. Si se va a visitar tal o cual lugar se sabe por lo general qué tipo de prenda o maquillaje llevar, y si no se es consciente de cómo combinar texturas o colores se busca inmediatamente a través de las redes sociales a algún tipo de gurú o experto.

Somos arte y nos sostiene espacios culturales que se han detenido, o al menos, esos espacios de actividades sociales habituales, los conciertos, los recitales, los museos, los transportes públicos, los anfiteatros de plazas y parques, está en pausa. Cabe la posibilidad que nada vuelva a ser como antes, y ello, era previsible ante otros tipos de contextos virtuales a favor del tiempo.

Cuando no quedan lugares para ir, o mejor aún, cuando no se puede ir a lugares para disfrutar, distraerse y aprender. Cuando desaparece la necesidad de ver, oír, tocar, saborear y oler arte queda preguntarse ¿para qué sirve el arte y el artista en estos tiempos? Es decir, a qué da servicio si no hay necesidad de arte en las personas, como no hay necesidad de pensar más que vivir.

Se revela en cierto sentido las miserias de lo artístico, poniendo al descubierto el arte en manufactura, es eso lo detenido. Si todo es arte entonces nada es arte. Si todos son artistas entonces nadie es artista. Si todos tienen los mismos gustos por tal o cuál determinado objeto llamado arte entonces nadie tiene gusto por el arte, sino solo deseos, sin embargo, nadie debe ser culpable de lo que no sabe, pero sí comprometido porque el Ser es arte.

Pero no se apresuren en concluir la idea que todos realmente somos arte y por tanto artistas. Todos tenemos la capacidad de curar y sanar, y ello no nos hace médicos. A si como también tenemos la excepcional virtud de enseñar lo que fuera, y como bien saben no nos hace maestros. Pues bien, ser artista conlleva el talento de sanar y enseñar, porque cada obra de arte complace y tranquiliza la inquieta alma, y es un puente de aprendizaje al servicio de la humanidad. Es el artista un servidor con creación.

Entonces, si el artista es un servidor ¿al servicio de qué está? De la obra de arte, si, aunque también de las personas que reconocen en el objeto arte, al artista. El arte es eso estético del artista, que no debería ser vanidad si se tiene como premisa la idea de servicio. Pero ¿es solo servicio? Que contradicción, reconocer al artista como un servidor, y en ello, su obra de arte como el servicio, y El artista es también un Ser que vive, y de humano lo tiene como cualquiera.

Vivir del arte, es en muchos sentidos, un medio de vivir espiritualmente, como también de materia, porque se sabe ambas son imprescindibles para la vida. Por tal motivo, y pensando en la materia, se piensa en el valor de la obra del arte y del artista. Cuán creativo no es igual decir desarrollo técnico. Y si hay creatividad y desarrollo técnico no quiere decir que sea original o único, en cierto sentido. Se necesita más allá de un mero carisma para conciliar al artista con el arte en uno solo.

Reconocemos la Novena Sinfonía de Beethoven, Las Meninas de Velázquez, El Condor Pasa con Daniel Aromias Roble, Blowin’ in the Wind de Bob Dylan, Chinchivi con Pepe Villalobos, El Plebeyo de Felipe Pinglo, El David con Miguel Ángel, Los Girasoles con Van Gogh. Todas en la memoria colectiva de un pueblo, de una cultura, contenida en su historia, desafiantes a los gustos adversos en sus épocas, y con el valor dado naturalmente por todos los que dan sentido, por tanto, dan existencia a el arte en las personas.

Son ellas, las personas que piensan el arte, los conmueve, despierta sus sentidos, y cuanto más desarrollado el gusto, los provoca a reflexionar. Es el arte también provocación, así como el filósofo provoca con sus preguntas y muestra la ignorancia, así el artista debe ejercitar su mente en ambos sentidos, “soy ignorante y vosotros son ignorantes”, por tanto, debemos seguir aprendiendo. Entonces el arte es un infinito aprender.

Pero, si el artista tiene el rol educador ¿en dónde educa y a quienes? Educa en la cultura, que se sabe sostiene a el arte, y en ello educa a quienes aprenden por medio del arte, no solo a artistas sino ciudadanos, por lo que queda apreciar que el arte propicia conocimiento holístico. El arte es imitación, si, empero también interpretar y por ello cada obra de arte nueva, así como las ideas nuevas, y consistentes en razón como en belleza, son únicas porque quien interpreta no solo lo hace cognitivamente sino en línea con sus sentimientos, por ello puede ser emotivo.

A veces el arte es único, pero no es perpetuo, porque se volverá a repetir la mimesis para parir otra creación. Cada generación aprende repitiendo los logros del pasado, a ello le llama técnica, y la técnica logra abreviar el tiempo de razonar el camino. Por lo que, si la obra de arte del pasado fue única, ahora, ya no lo será. Único no es lo mismo que original, porque para ser original, es necesario volver la mirada y el entendimiento a los orígenes, entonces, ser original no es una condición, es, otro ejercicio para hacer del arte algo único.

Estamos rodeados de belleza, y la calificamos como artístico, nos conmueve y todo lo que nos lleva a alguna emoción, si nos gusta, le llamamos arte. El arte se hace en espacios a las que llamamos cultura, es en la innovación que comunica el arte que las civilizaciones logran permanecer en el tiempo, y ahora, tenemos los medios digitales de rápido alcance, pero de turbias aguas. Si antes no era claro, ahora lo instantáneo hace que se olvide. Es el fin, y es un comienzo. Un fin del arte es renacer, o mejor aún, despertar de las apariencias.

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